Hola amigos… harto tiempo sin escribirles…
Paso por aquí para contarles que el lunes recién pasado nos arrancamos, un amigo, mi hijo y yo a la ya conocida Piscicultura Río Blanco, para saciar esas enormes ganas acumuladas durante el período de abstinencia 🙂
El lugar, hermoso como siempre, escondido en el medio de enormes árboles y donde se respira ese aire cordillerano que recarga de energías…

Al llegar nos encontramos con las ya conocidas piscinas y las hermosas truchas alvinas que ahí se cultivan.

También hermosos reproductores que le dan vida a las nuevas generaciones de truchitas farios y arcoíris que pueblan este lugar.

La nueva generación ya se encontraba completamente activa. Solo uno que otro alevín, aún se encontraba en el fondo de los estanques con sus sacos vitelinos a cuesta.
Con este espectáculo llegamos a las 3 piscinas habilitadas para la pesca, a intentar engañarlas y calmar esas ansias de sentir nuevamente el instante mágico de una picada, aunque claramente, las reacciones por haber sentido muchas veces un metal puntiagudo en la boca, las hace presas con reacciones totalmente distintas a las que encontramos en los ríos. Pero siempre es peor mascar lauchas 🙂
Armamos los equipos y al primer lance ya se veía como se vendría la mano…


Y así continuamos, lance tras lance caían nuevas truchas en nuestro engaños…



Luego nos dimos el espacio de ir a molestar a las truchitas de la piscina de al lado, donde el tamaño promedio ers exacto a las truchitas típicas de nuestra zona, que difícilmente superan los 25 cm. Estas truchas, mucho más confiadas, nos regalaron un festival de piques y capturas y además me demostraron que mi monstruito se va convirtiendo un pescador experto… 😮



Y éstas resultaron ser las primeras truchitas pescadas con mosca de mi amigo Ademar… Luego, con mucha perseverancia logró engañar a una de las grandes.

Creo que su cara grafica la sensación del momento… y así ha nacido un nuevo fans de la pesca con mosca jejejeje…
Espero muy pronto poder recorrer un río en su compañía 😉
Luego de estos lindos momentos recorrimos las piscinas de crianza, para volver a la primera piscina donde sacamos algunas truchas más…

A esa altura de la tarde, saciadas nuestras ganas de pesca, ya nos había entrado hambre, así es que partimos camino de regreso a Santiago buscando algún lugar donde calmar el hambre que ya no era fácil aguantar… así llegamos a un excelente restaurant al frente del Santuario de Auco, donde logramos el cierre perfecto de nuestra aventura.


En definitiva, y como cada vez que hemos visitado este lindo lugar, la jornada fue excelente. Un lugar perfecto para probar nuevos conceptos, enseñar técnicas y pasar una lindo momento.
Esa fue la historia del cierre de nuestro fin de semana largo… ahora a esperar estas últimas semanas para reencontrarnos con nuestros lindo ríos.
Un gran abrazo a todos
Toto
Nos vemos en el río
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